lunes, 5 de noviembre de 2007

Trascendencia

Hay evidencia de que exista un intermediario entre las tablas de la ley universal y Moisés. Más empírico que todos los bíblicos, es un hombre contemporáneo, sólo en un sentido estricto de entender el tiempo. Vive de la muerte sin ser asesino, ni accionista. Posee, sin disputas, la noble artesanía de grabar en piedra los nombres de quienes se ven obligados a dejar este mundo para convertirse, al con paz compás de Moisés Ville, en nutriente existencial de los eucaliptus o, en casos afortunados, en actores de recuerdos. El pueblerino documentador de mármoles, a los sesenta y pico no tiene quién lo suceda. Lo ve, lo sabe. Transeúnte en el tiempo ya no tan estricto, dilatado por un Sol que no tiene más con qué toparse, debe saber también que su labor es un eco profundo del altruismo provinciano que nos descoloca a los porteños, porque seguramente sabe, además, que nadie leerá en su sepultura un Alberto Lind de la caligrafía tipográfica de sus trabajos. A menos, claro, que planifique un suicidio con diez o quince días de antelación, según la piedra.

18-10-07

1 comentario:

Javier Grinstein dijo...
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